Tuesday, December 09, 2008
El pasado 27 de noviembre murió en Pensilvania el pastor presbiteriano George Docherty, quien pasó a la historia por haber persuadido al presidente Eisenhower y al Congreso de Estados Unidos, de incluir en el juramento de fidelidad (Pledge of Allegiance) la expresión “bajo el amparo de Dios”.
Fue en 1954, durante el tradicional sermón anual que se celebraba en honor Lincoln cuando Docherty sugirió que la fórmula estaba incompleta, ya que al no hacer una referencia explícita a Dios ignoraba un elemento fundamental de la cultura norteamericana.
Para llenar ese vacío, Docherty propuso la expresión que Lincoln usó en el famoso discurso de Gettysburg, en el que calificó la Guerra Civil como un renacimiento de la libertad: “resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán muerto en vano; que esta nación, bajo el amparo de Dios, tendrá un renacer de libertad; y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparecerá jamás de la faz de la Tierra”.
El prelado terminó su sermón sintetizando magistralmente cuál era el gran desafío de su tiempo: lograr una libertad que respete los de derechos de las minorías seculares o ateas, sin sacrificar la fe en Dios que es parte fundamental de la identidad de la nación.
Hoy podríamos decir que nuestra nación se encuentra ante un desafío similar. Las huestes del progresismo anticlerical se han declarado en alerta máxima ante la elección de Alejandro Ordoñez como Procurador General de la Nación.
Quienes intentan desprestigiarlo no han disimulado que su mayor preocupación son las convicciones católicas del jurista, que han quedado plasmadas en dos incidentes profusamente denunciados a través de los medios de comunicación: la instalación de un crucifijo en la plenaria del Consejo de Estado y la denuncia penal contra la revista SoHo por una representación erótica de la Pasión de Cristo, acompañada de profusos insultos contra los cristianos y rematada con una invitación a matar curas.
Lo primero que hay que decir sobre la instalación del crucifijo es que lo verdaderamente llamativo habría sido que el Consejo de Estado no tuviera uno. Tanto la Corte Constitucional como la Corte Suprema de Justicia tienen sendos crucifijos como resultado de una realidad histórica: nuestra nación fue fundada sobre convicciones, principios y valores éticos cristianos. Quien se ofenda por eso es porque quiere, y su pelea es con la historia.
En cuanto al incidente de SoHo sorprende que acudir a los tribunales, hacer uso de las acciones legales consagradas por el sistema jurídico y acatar los fallos de la justicia, sea ahora un acto reprochable. La representación de Jesucristo como una mujer desnuda en trance orgásmico fue una ofensa gratuita que causó dolor a muchos cristianos en nuestro país, y el texto que la acompañó esmeró su prosa para no dejar dudas: “¡Cristianos cabrones! ¡Maricas! ¡Pirobos!”.
Los de SoHo no sólo eran conscientes de que su contenido era insultante, sino que esa fue precisamente su estrategia comercial. Semejante actitud pareció a muchos además de cínica, criminal, y era complemente legítimo solicitar un pronunciamiento de los tribunales.
Lo que el alud de escritos y declaraciones generados en los últimos días contra Ordoñez termina por demostrar, es que quienes pretenden imponer filtros religiosos para acceder a cargos públicos, anulando a cualquiera que disienta de su particular visión ético-política, son verdaderos radicales cuyo fanatismo y crispación plantean una amenaza para la vida política y el patrimonio cultural de nuestro país.
Gabriel Rodríguez Escandón
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org
Publicado en El Tiempo el 9 de diciembre de 2008
Monday, November 17, 2008
Una de las metáforas más populares para representar las complejas relaciones entre la Iglesia y el Estado es la del “muro de separación” que debe existir entre ambas, propuesta en 1802 por Thomas Jefferson en su famosa carta de Danbury, meses después de haber sido elegido presidente de los Estados Unidos.
Esa imagen, que con el correr del tiempo se convertiría en un principio jurídico citado frecuentemente tanto en sentencias constitucionales como en debates públicos, buscaba garantizar la libertad de cultos en un país donde debían convivir múltiples denominaciones cristianas; más de ninguna manera desconocer la importancia de los valores religiosos para la vida pública, o marginar la fe al dominio exclusivamente de lo privado. La prueba de ello es que el mismo Jefferson utilizó fondos federales para construir iglesias y financiar el trabajo de misioneros, mientras que en su época de gobernador de Virginia decretó la celebración de días festivos destinados al ayuno, oración y la acción de gracias a Dios.
Desde la fundación de los Estados Unidos persiste la convicción en el pueblo norteamericano que la fe cristiana es un soporte fundamental del orden social y la moral pública, sobre las cuales se sustenta el buen funcionamiento del gobierno civil. Por eso a nadie sorprendió que Obama terminara su discurso de victoria, invocando la bendición de Dios.
Lo propio puede decirse sobre nuestro país, que fundado sobre un sustrato religioso mucho más homogéneo, reconoce la impronta de la religión católica en sus tradiciones culturales y símbolos patrios. Por algo nuestro Himno Nacional canta “las palabras del que murió en la cruz” y a Colombia se la conoce también como “el país del Sagrado Corazón”.
Sin embargo, no es raro encontrar que parte de nuestra “intelligentsia” nacional se esfuerce por darle al principio de separación un sentido mucho más radical.
Hace unos días Daniel Coronell escribió una diatriba contra un candidato a la Procuraduría argumentando que sus convicciones religiosas lo harían incompatible con el ejercicio de la función pública.
Consciente de que los testimonios de dudosa reputación que utiliza en la primera parte de su artículo eran insuficientes para sustentar su crítica, Coronell, en un magistral ejercicio de falta de ética periodística, toma una polémica frase sobre las “libertades modernas” pronunciada por San Ezequiel Moreno Díaz hace más de 100 años, y las pone en boca del aspirante a Procurador como si representaran su pensamiento.
Negro futuro le espera al periodismo colombiano si sus futuras generaciones aprenden de este columnista y maestro de posgrado, que nimiedades éticas como la veracidad de los hechos pueden dejarse a un lado, cuando de destruir a un enemigo político se trata; y más negro aún para nuestras libertades políticas, si en lugar de estudiar la trayectoria profesional y académica de los candidatos a cargos públicos prosperara un filtro religioso para descartar a quienes recen el rosario o vayan a misa con demasiada frecuencia.
Gabriel Rodríguez Escandón
Publicada en El Nuevo Siglo el 23 de noviembre de 2008
Monday, September 08, 2008
USA Today muestra a McCain diez puntos por encima Obama entre posibles votantes (54%-44%), mientras que en el sondeo diario de Gallup el candidato republicano tiene una ventaja de 4% entre votantes registrados (48%-45%).
Estas son buenas noticias para Colombia, pues con un vecindario complicado como el nuestro nos conviene mucho más un aliado como McCain, que con su visita mostró interés que tiene en nuestro país, que un aislacionista con nula experiencia en política internacional como Obama.
Gran parte del rejuvenecimiento del partido Republicano puede atribuírsele a su compañera de fórmula Sarah Palin quien electrizó a demócratas y republicanos con su discurso del miércoles, el cual tuvo casi el mismo número de televidentes que el de Barack Obama a pesar de que fue transmitido por 4 canales menos.
Los del partido de la mula, quienes tradicionalmente han promovido los derechos de la mujer, “pelaron el cobre” al cuestionar si podría hacer bien su trabajo y ser al mismo tiempo madre de cinco hijos. Por su parte la Organización Nacional de Mujeres se atrevió a descalificarla por parecer un “hombre conservador” a raíz de su oposición total al aborto. Estas críticas, sumadas al ensañamiento de la prensa liberal con su hija, menor de edad por quedar embarazada, han sido percibidas por el público como una injusticia que ha terminado jugando a favor de la gobernadora de Alaska.
Por su parte, las bases republicanas están más motivadas que nunca con una candidata que es 100% provida y férrea defensora de los valores familiares. También ha terminado alinear a importantes formadores de opinión republicanos como Rush Limbaugh y Jaime Dobson, quienes en principio estaban reacios a apoyar a McCain por su falta de credenciales conservadoras.
Sobre Palin hay que decir que es una guerrera. En su discurso no ahorró puyas contra Obama a quien calificó de un inexperto quien en 2 años de senador por Illinois y 2 a nivel federal ha escrito varios memos pero ni una sola ley. Se desquitó con la prensa liberal y cuando falló su teleprompter, improvisó con un comentario que ha hecho carrera: ¿En qué se diferencia una mamá hockey (que acompaña a sus hijos a los partidos) de un pitbull? ¡El pintalabios!".
Ha sido tanto su protagonismo, que la tendencia a comparar a Obama con Palin, y no con McCain es irresistible. Las dos son figuras jóvenes y carismáticas, están bien situadas en los dos extremos del espectro político, son percibidos como agentes de cambio y apelan a grupos de electores reivindicativos (negros y mujeres). Entre tanto, parece que ya nadie recuerda la fórmula presidencial de Obama, Joe Biden. Incluso la prensa liberal ha especulado que este último podría tener un “inconveniente personal de fuerza mayor” que le obligue a dar un paso al costado, dándole a Obama la oportunidad de recomponer su tiquete (le convendría más alguien como Hillary).
A medida que la imagen de Mesías de Obama se diluye, la carrera por la Casa Blanca comienza. El efecto de rebote para McCain después de la Convención Republicana seguramente se irá desvaneciendo en los días siguientes, y el liderazgo se alternará entre los dos en las semanas siguientes.
En una carrera tan cerrada la diferencia se hará estado por estado, y cada candidato ya ha trazado sus prioridades: trabajadores blancos de clase media alta para Obama y mujeres y moderados para McCain. El que meta la pata, ¡pierde!
Gabriel Rodríguez Escandón
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org
Sunday, August 31, 2008
Esto se debe a que hay una gran preocupación por el sostenido crecimiento del contagio entre homosexuales. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, reconoció el extraordinario avance de la epidemia entre los hombres homosexuales que aumentó un 75% en los últimos 15 años.
Sin embargo, a este incremento la ONU le da una explicación totalmente ideológica: la responsable es la discriminación de los homosexuales, y la marginación e ilegalidad de la homosexualidad.
De modo que el sistema de Naciones Unidas, y otros organismos multilaterales ya han advertido que para enfrentar la expansión del virus del VIH van a dedicarle sus recursos económicos y políticos a lograr que la sociedad comprenda que la homosexualidad es un comportamiento normal y saludable, es decir, van a hacer reingeniería social.
Además, van insistir en que se acepte como un “dogma de fe” que la epidemia del Sida se combate con la práctica del “sexo seguro”, desechando la evidencia que indica que la estrategia más exitosa que se ha implementado hasta el momento, redujo en 10 años una tasa de contagio en Uganda del 21% al 6%, es la que se enfoca en la abstinencia y la fidelidad.
Pero los hechos suelen ser tozudos y no les gusta adecuarse a lo políticamente correcto: la semana pasada El Tiempo informaba que en Nueva York la tasa de infecciones de HIV triplicaba a la tasa media de Estados Unidos. El Departamento Municipal de Salud explicaba que en esa ciudad hay una gran presencia de afroamericanos y homosexuales, y "dado que el VIH, causante del sida, prevalece entre esos grupos, el riesgo de infección por contacto sexual es mayor".
Esta ciudad, que es una de las más liberales y vanguardistas de Estados Unidos en cuanto a educación sexual y aceptación de la homosexualidad, cuenta ya con más de 100.000 residentes portadores del virus, por lo cual ha sido considerada desde hace años el epicentro de la epidemia en el país. Los últimos datos no hace más que confirmar esa percepción.
¿Será que a pesar de esta evidencia las Naciones Unidas insistirán en que este ritmo de contagio se debe a falta de condones y la discriminación de homosexuales?, ¿Nueva York será para Ban Ki-Moon la ciudad más homofóbica de los Estados Unidos?
Con toda seguridad que la ONU, y otras organizaciones internacionales seguirán presionando a países como Colombia para promover su agenda homopolítica, utilizando la pandemia del Sida como una de las excusas para justificarla.
Luego, cuando las infecciones de transmisión sexual se encuentren por lo cielos, no tendrán nada de qué preocuparse pues siempre tendrán a la mano un conveniente chivo expiatorio: la Iglesia católica que supuestamente se opone a la educación sexual e impone valores morales retardatarios.
Tuesday, August 12, 2008
La rebelión de los teólogos no tardó en manifestarse. A través de comunicados emitidos primero desde Washington y luego desde Ámsterdam, la élite teológica europea y norteamericana liderada por figuras como Karl Rahner y Joseph Fuchs, presentaron la encíclica como un error histórico, un nuevo juicio a Galileo del que después la Iglesia tendría que disculparse.
Varios Episcopados nacionales europeos reivindicaron el derecho de los fieles a apartarse de la condena que la encíclica hacía de los anticonceptivos, y seguir los dictados de su propia conciencia. En uno de los episodios más vergonzosos para la Iglesia, antes de la publicación de la encíclica se filtró a la prensa que la mayoría de la comisión pontificia, escogida por el mismo Pablo VI para estudiar el asunto estaba en contra de considerar la anticoncepción como “intrínsecamente mala”, con lo cual se desató un implacable linchamiento mediático del Papa a quien se acusaba de ponerse “en contra de toda la Iglesia”.
Sacerdotes en todo el mundo y gran parte de la orden religiosa más poderosa de aquél entonces aprovechó confesionarios, púlpitos, seminarios, universidades, libros y columnas de opinión, para invitar a la desobediencia de los laicos frente a la enseñanza papal. Fue entonces cuando nacieron los ´católicos de cafetería´, quienes consideran la doctrina católica como un menú del que pueden escoger lo que les apetece y se generó un sentimiento de vergüenza en una gran parte de los católicos practicantes, que en lo referente a moral sexual temían decir lo que creían.
Con semejante panorama era fácil apostar por una corta vida de la encíclica y eso hicieron muchos teólogos prestigiosos, quienes se referían a la materia como si se tratara de hecho de “doctrina reformada”. Sin embargo, sucedió todo lo contrario: la encíclica no ha sido más que confirmada y profundizada.
Los nuevos movimientos apostólicos, signo indiscutible de la vitalidad de la Iglesia, son fieles a la enseñanza de la encíclica, y los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI han confirmado la maldad intrínseca de separar el aspecto unitivo del generativo en el acto matrimonial. En otras palabras: en ningún caso es legítimo el uso del condón o de la píldora.
En esto radica el triunfo de la Humanae Vitae, cuarenta años después su enseñanza se mantiene intacta y entre los católicos es cada vez más relevante. Pablo VI, quien no hizo otra cosa que recoger veinte siglos de Tradición de la Iglesia, ganó su apuesta.
En cambio, los teólogos rebeldes, hoy envejecidos y solos, se contentan con complacer con sus doctrinas a quienes aborrecen la Iglesia Católica.
Hoy poco queda del alegre mundo de la píldora del los años sesentas: el sida, el aborto, el divorcio con el consecuente drama de los hijos ante la destrucción de sus hogares, el invierno demográfico, la explosión de la violencia intrafamiliar, el homosexualismo y el madresolterismo, la ubicuidad de la pornografía y la creciente preocupación por la prostitución y el abuso sexual, convirtieron aquella risita burlona en una mueca destemplada.
Todo parece indicar que con el actual ritmo descomposición ética de la sexualidad, el mundo no tardará muchos años en entender que la enseñanza de la Humanae Vitae, lejos de ser un anacronismo es uno de los últimos bastiones de la dignidad humana.
Gabriel Rodríguez Escandón
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org
Publicado en El Tiempo el 5 de septiembre de 2008
Thursday, April 24, 2008
Invierno demográfico
Al tiempo que el calentamiento global acapara los titulares de prensa y un ambiente de zozobra se va apoderando de la opinión pública, otro fenómeno igual de preocupante pasa desapercibido: la población mundial se está envejeciendo.
Debido a esta implosión poblacional, cincuenta años antes de que llegue a calentarse un grado Celsius, el planeta podría experimentar un colapso económico sin precedentes. A nivel mundial las tasas de fecundidad han caído un 50% en medio siglo, y en 59 países que contienen el 44% de la población, ésta se encuentra por debajo del nivel de reemplazo.
Para que la población de un país sea sostenible se necesita una tasa de fecundidad del 2.1, sin embargo, en Europa la tasa global apenas alcanza 1.3. Una tasa de este tipo significa que su población va llegar hasta un punto en el que dejará de crecer en términos absolutos y comenzará a disminuir. Pero lo que es aún peor es que en términos relativos los ancianos serán cada vez más, y las personas en edad productiva cada vez menos, lo cual afectará dramáticamente la situación socio-económica.
De seguir esta tendencia en el año 2030 el continente europeo tendrá un déficit de 20 millones de trabajadores.
Rusia es un espejo actual de lo que le espera a otros países europeos: cada año tiene 750.000 habitantes menos. Para el 2050 su población habrá pasado de 145 millones a menos de 100 millones, una gran cantidad de los cuales serán ancianos. Parte de esta tendencia se debe a que en esta región septentrional cada año hay más abortos que nacimientos.
Hoy casi el 20% de la población europea tienen más de 65 años, en 2050 la proporción será prácticamente del 30%
En semejante escenario preguntas tan obvias como actualmente impensables comienzan a surgir: ¿quién va a cultivar los campos y producir alimentos?, ¿quién va a trabajar en las fábricas?, ¿cómo se financiará el presupuesto del Estado? o, una todavía más inquietante, ¿quién se va a hacer cargo de tantos ancianos?
Todos los países del mundo buscan crecimiento económico, pero nadie ha explicado todavía cómo puede lograrse con una población envejece y muere rápidamente.
Como el economista Robert J. Samuelson expresaba en 2005 en su columna del Washington Post “Es muy difícil ser una super potencia con una población que se encoge”.
Este es el escenario que presenta el documental “Invierno demográfico: el ocaso de la familia humana”, del que puede verse un avance en www.demographicwinter.com, y uno de los temas que discutirá el IV Congreso Internacional de la Familia: La Familia ante la crisis del Mundo Contemporáneo, que organiza la Universidad de La Sabana los próximos 25 y 26 de abril.
Para las ciencias sociales está claro que la familia formada alrededor de un matrimonio intacto, es la que tiene mejor desempeño frente a cualquier indicador de salud social aplicable, incluyendo el demográfico.
Pero la solución aparece lo suficientemente clara para los académicos, fortalecer la familia, resulta políticamente incorrecta para una generación que creció con el miedo a la bomba poblacional. Ahora que los hechos nos demuestran que el problema es precisamente todo lo contrario, ¿estaremos tan enceguecidos como para no querer darnos cuenta?
Gabriel Rodríguez Escandón
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org
Publicado en El Tiempo el 1 de Mayo de 2008
Monday, March 17, 2008
Hillary, el gobernador, la esposa y la prostituta
Todos parecen estar de acuerdo en que el Gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, una de las figuras políticas más prometedoras del partido demócrata, debía renunciar a su cargo por forjar su campaña sobre la hipocresía: declararle la guerra a las mafias de las que él mismo era cliente frecuente.
El escándalo por el pago de prostitutas, delito en Estados Unidos, ha llegado incluso afectar doblemente la candidatura de Hillary Clinton: el lugar de Spitzer como delegado en las primarias no puede ser ocupado por ninguna otra persona, y por otra parte ha recibido numerosas críticas por respaldar al ex gobernador a pesar de la infidelidad a su esposa.
Sectores feministas se han ensañado particularmente con Silda, la esposa de Spitzer, por aparecer en la humillante rueda de prensa al lado de su marido. Le critican la imagen que transmite a la sociedad sobre la mujer, aguantando calladamente la traición de su esposo, peor aún con prostitutas, y aún así recibir todo el escrutinio público a su lado. ¿Qué mensaje que le está enviando a sus tres hijas con esa actitud, que es aceptable que sus esposos les sean infieles?, ¿es una muestra de carácter, o por el contrario, de falta de respeto por sí misma?
Sin embargo, el punto donde se ha abierto el debate más interesante es sobre la trascendencia pública que se le da a la vida privada de los políticos, o incluso si se debería despenalizar
En cuanto a la prostitución, se dice que es un delito sin víctimas, especialmente si trata de adultos que consienten libremente la transacción y acuerdan un precio de ¡diez millones de pesos la hora! ¿Penalizar la prostitución no es una intromisión del Estado en la cama de los ciudadanos?, ¿no es desconocer su autonomía personal?
Lo primero que hay que decir es que los ciudadanos no votan sólo por simples operarios burocráticos o tecnócratas, sino que ante todo votan por personas en quienes depositan la confianza pública. Como muy acertadamente los señalaba el New York Post a propósito del discurso de Spitzer, la política no sólo se trata de ideas y del interés público, se trata de individuos; se trata de “honor, integridad, buen juicio y sentido común”. Como explica Vladimiro Naranjo en su curso de Derecho Constitucional, al ejecutivo le corresponde no sólo el liderazgo político del Estado, sino también el liderazgo moral. Otra cosa es que nuestra preocupación por el pluralismo nos haya llevado a erosionar nuestra moral pública, esencialmente cristiana.
Y es que comercializar personas, arrendando el cuerpo de una mujer, así sea por horas y muy bien remuneradas, no deja de ser un atentado contra su dignidad. Y las ofensas contra la dignidad de las personas son atentados contra el orden público que fundamenta y contra la humanidad entera. No hace ninguna diferencia que la víctima consienta semejante ultraje, pues la dignidad es una condición irrenunciable, inalienable e inviolable de la persona.
Un razonamiento similar llevó al Consejo de Estado francés a prohibir el juego de “lanzamiento de enanos”, a pesar de que fuera el único medio de sustento de los susodichos enanos y estos fueran los más interesados en su aprobación.
La única política razonable y ética frente a la prostitución es su total abolición, no castigando a la víctima sino al cliente que es su inductor, casi siempre, el hombre.
Publicado en El Tiempo el 14 de marzo de 2008
Infanticidio por compasión
Dos noticias relacionadas con bebés estuvieron en la primera plana de las noticias hace poco: una mujer de 19 años pidió prestado el baño de una casa en Kennedy, dio a luz a escondidas, ahogó su bebé en el inodoro y escapó, y una pareja presentó una tutela, para obligar a un hospital católico a realizar el aborto de su hijo no nacido quien padece de malformaciones.
La primera nos permite reflexionar sobre lo absurdo la sentencia-ley que despenalizó del aborto, pues si la joven hubiera acudido al Ministro de Protección Social con su bebé aún por nacer, éste le habría garantizado un aborto “integral y con calidad”, justificado por la causal de salud psíquica de
La verdad es que aunque se diga que el aborto sólo se autoriza para casos extremos, gracias a la causal de “peligro para la salud psíquica de la madre” en Colombia tenemos un régimen de aborto libre. Lo demuestra España, país que cuenta con idéntica legislación en la materia, donde periodistas encubiertos demostraron que los certificados médicos de justificación se firman rápidamente sin realizar ningún examen. El 98% de los abortos se realiza por riesgo para la salud psíquica de la madre.
Una vez que se defiende el aborto con argumentos de progreso y civilización no se puede esperar más que contradicciones, por ejemplo: ¿cómo se puede obligar a un médico abortista que salve la vida de un bebé mal herido, cuando éste sobrevive a su intento por abortarlo?, ¿cómo se entiende que Obama y Hillary, quienes ofrecen una imagen compasiva y de sensibilidad social, defiendan con tanta vehemencia el aborto por nacimiento parcial, proceso quirúrgico que por algo el Congreso de EEUU calificó de “brutal e inhumano”?, o ¿qué diferencia significativa existe entre eliminar un bebé deforme en el útero de su madre y esperar a que nazca para aplicarle una inyección mortal?
La pareja que presentó la tutela para abortar al bebé con hidrocefalia argumenta que lo que buscan es garantizarle el “derecho a una vida digna” a su hijo. Precisamente sobre esa tema acaba de pronunciarse la revista más prestigiosa de bioética del mundo, The Hastings Center Report, con un artículo titulado “Terminando con la vida de un recién nacido”, en el cual respalda las prácticas en Holanda de eutanasia para recién nacidos.
Los autores del artículo aseguran que “son precisamente esos bebés que podrían seguir viviendo, pero cuyas vidas serían despreciables en extremo, quienes tienen mayor necesidad de la intervención” y atacan a quienes piensan que es más ético acabar con la vida de estos bebés en el útero y no después de que nazcan. Por el contrario afirman: “los padres deben esperar a que el bebé haya nacido, que es cuando pueden tomar una decisión mejor informada sobre las posibilidades de que su hijo lleve una vida satisfactoria”. Su conclusión es que eliminar a los recién nacidos está justificado ante la posibilidad de sufrimientos presentes o futuros, atendiendo al criterio de “calidad de vida”, ya que “cuando un bebé trágicamente limitado nace en una sociedad que es hospitalaria con los niños… la mejor y más compasiva respuesta puede ser que el médico termine con la vida del niño”.
Por cuestionable que pueda parecer la posición de la revista, sí habría que agradecerles la claridad que ofrecen al debate sobre el aborto, donde predomina una posición supersticiosa según la cual un feto se convierte mágicamente en persona gracias a que cambia de lugar al momento del nacimiento. Cada vez es socialmente más aceptable terminar con la vida de personas por criterios de “calidad”, la cuestión es si prevalecerán estos criterios utilitaristas o el de “toda vida es sagrada”, precepto sobre el cual se fundó la civilización occidental.
